Opinión

Con ancla internacional y pactos internos, pero sin Francos

Panorama político nacional de los últimos siete días

Por Jorge Raventos

La reunión concretada el jueves 30 de octubre en la Casa Rosada entre el presidente Javier Milei y un amplio número de gobernadores de provincias (solo quedaron excluidos de la invitación Axel Kicillof, titular de la provincia de Buenos Aires, Ricardo Quintela, gobernador de La Rioja, Gustavo Melella, de Tierra del Fuego y Gildo Insfrán, de Formosa), ilustró el inicio de una nueva etapa del gobierno libertario,  consolidado cuatro días antes con su rotunda victoria en las elecciones legislativas.

Incluyó, además, una nueva señal que determinaría, al día siguiente, las renuncias del entonces jefe de gabinete, Guillermo Francos, y la de su leal colaborador, el ministro de Interior Lisandro Catalán. El encuentro con los gobernadores había sido laboriosamente preparado por ambos exfuncionarios y estaba programado que Francos sería allí el único acompañante del Presidente. Milei  resolvió, en cambio que estuviera presente todo el gabinete y también su asesor preferido,  el influyente freelancer Santiago Caputo. Francos comprendió que esta última inclusión confirmaba  con hechos la insistente  versión de que el Presidente pensaba transferirle a Caputo,  si no todas las funciones de la jefatura que él ocupaba, al menos la vital relación con las provincias . “ He cumplido un rol que yo creo que el Presidente valora”, declaraba cuando le preguntaban por esos rumores. No consiguió reunirse con Milei  y con sobrio profesionalismo, decidió evitarle a su viejo amigo el mal trago de pedirle la dimisión: la presentó motu proprio.

Tan pronto se abrió la vacante, Karina Milei impulsó la designación del vocero presidencial Manuel Adorni para cubrirlo y evitar que el reemplazante fuera Santiago Caputo. Aunque Adorni siempre ha procurado moverse equilibradamente entre las tensiones del “triángulo de hierro” libertario, se disciplina prioritariamente tras el apellido Milei (hermano y hermana). Queda claro para la mayoría de los observadores –periodismo, “círculo rojo”, gobernadores, Congreso- que esa fidelidad no alcanza para suplantar las virtudes políticas, la experiencia y la independencia de juicio que se asignaban a Guillermo Francos, cuyo alejamiento es considerado un retroceso relativo en la senda de apertura, ampliación y diversificación  de las bases de respaldo que el gobierno ha prometido y, en cierto sentido, ha comenzado a tantear.

El Presidente había superado un domingo atrás inclusive las expectativas de su propia fuerza, que una semana antes apenas se atrevía a prever un esforzado empate en el escrutinio nacional y añgún recorte de la diferencia de 14 puntos que Unión por la Patria, la lista de Axel Kicilof y Cristina Kirchneer, le había infligido en el comicio local bonaerense del 7 de septiembre. En cambio, La Libertad Avanza se impuso en la gran mayoría de las provincias y también en Buenos Aires, donde Diego Santilli tuvo que reemplazar en la cabecera de la lista violeta (aunque no en las boletas electorales) al renunciado JoséLuis Espert.

Milei se puso personalmente  a cargo de la campaña y animó con entusiasmo actos y marchas masivas en ciudades –Rosario, Córdoba- que a priori parecían muy peleadas para los libertarios ante corrientes locales apoyadas por gobernadores bien arraigados en sus provincias, como Maximilano Pullaro y Martín Llaryora.

Así, la elección, que se perfilaba como un serio desafío y un posible disgusto para el oficialismo, terminó plebiscitando favorablemente la gestión del gobierno nacional,  su imagen pública  y ofreciéndole al Presidente la oportunidad de un segundo comienzo.

Milei llegó a la Casa Rosada tras la segunda vuelta  de 2023; en la primera había conseguido una magra cosecha de legisladores y ningún gobernador, lo que lo obligó en una primera etapa a buscar la cooperación de otras fuerzas y, sobre todo, la de gobernadores ajenos, una ayuda que su propia gestión, su intransigencia y sus modales empujaron a la disidencia y a la crítica.  Ahora está en condiciones de remediar tanto aquel déficit original como los errores propios.

A partir de ahora, comienza a configurarse un verdadero oficialismo nacional, más allá de la mera centralidad del liderazgo presidencial.  Esta construyendo un partido propio desde arriba – un rasgo que comparte con el primer peronismo- y al ratificar su crecimiento electoral, suma cuadros provenientes de fuerzas en declinación, como el Pro y la UCR.

Milei está políticamente más fuerte y en diciembre, a partir de la incorporación de los legisladores elegidos el domingo 26 de octubre y los que termine de cooptar,  contará con bloques en condiciones de influir en el Congreso.

Pero todavía necesitará ayuda para poner en marcha las reformas que el país requiere, que gran parte del electorado que lo votó espera y que muchos de sus aliados reclaman. La reunión del jueves  con los gobernadores y el tono ponderado del discurso que leyó la noche del domingo indicaron que Milei ha comprendido lo que el momento le pide. La pérdida (¿voluntaria, inevitable?) de una figura como Francos sugiere que encuentra obstáculos para consumar esos primeros pasos reformistas.

La carnalidad

Un mes atrás, así como buena parte del oficialismo dudaba de sus propias fuerzas políticas, la economía trastabillaba y quemaba velozmente sus escasas reservas en una pelea  por sostener la paridad del dólar. Cuando se rozaba ya una situación  verdaderamente crítica, el gobierno consiguió el respaldo muy activo de la administración  de Estados Unidos. Donald Trump y su secretario del Tesoro, Scott Bessent,  rescataron al gobierno a fuerza de palabras (prédica favorable, gestos de solidaridad), de ayuda financiera e intervención política.

Esas manifestaciones de respaldo estaban guiadas por un motivo estratégico: sostener al aliado más importante que Washington tiene en una región en la que observan  la pujante expansión de la influencia china. Mérito de Milei: él apostó oportunamente de modo de ser notado y así consiguió para la Argentina un ancla externa decisiva.

La intervención de Bessent ayudó a sostener a la Tesorería argentina; sus “compras de pesos” (por valor de unos 2.000 millones de dólares) permitieron que el  peso  se fuera devaluando gradualmente hasta alcanzar  una cotización de 1.500 pesos que es la que ahora el ministro Luis Caputo admite que le “cae muy bien” (en julio, cuando pronunció su ahora famosa exhortación -“Comprá, campeón”- para ridiculizar a quienes afirmaban que el dólar estaba muy barato, el billete verde cotizaba a 1240 pesos).

Pero Bessent no solo ayuda,  también predica  hacia dentro del gobierno y lo hace con éxito. Su insistencia en que en esta etapa el Presidente debe ampliar las bases de sustentación convocando a otros actores políticos y a los gobernadores, que en otras ocasiones, sugerida por otros, fue desdeñada por el oficialismo, ahora ha sido rápidamente atendida.

No se trata solo de que los gobernadores convenzan a los diputados y senadores de sus provincias para que en el Congreso avancen  las reformas más reclamadas  (tributaria, laboral, previsional); interesa también –quizás principalmente- la cooperación de los gobernadores para activar inversiones en sectores en los que Estados Unidos quiere aventajar a sus grandes competidores, en primer lugar China. Por ejemplo: litio, uranio, cobre, tierras raras.

Sucede que desde la reforma constitucional de 1994 (artículo 124) corresponde a las provincias el dominio originario de los recursos naturales existentes en su territorio, incluyendo los del subsuelo, razón por la cual cualquier acuerdo sobre esas cuestiones no es atribución del gobierno central sino de las autoridades de cada provincia.

Hay pues motivos “carnales” –en el sentido ditelliano que aludía  a intereses concretos – que vuelven imprescindible  una participación ampliada para que se abran las vías a la inversión y, por ende, la producción y el empleo.  La presencia en el país del gran jefe del banco JP Morgan, Jamie Dimon, y la designación casi simultánea del nuevo canciller argentino, Pablo Quirno, miembro del equipo de Luis Caputo y ex ejecutivo del banco de Dimon  constituyen casualidades llenas de sentido.

A partir de su triunfo del último domingo el gobierno de Milei puede encarar  la nueva etapa desde una posición de fuerza relativa. Tiene apoyo electoral y cuenta con la asociación con Trump en un momento en que Estados Unidos tiene motivos propios para impulsar la inversión en la Argentina, como parte de la reorganización mundial de recursos que Donald Trump está impulsando a fuerza de aranceles, negociaciones y decisiones a veces más bruscas. Paradójicamente, Milei, cuya fuerza se asienta sobre todo en el electorado antiperonista, parece haber comprendido cabalmente una enseñanza de Perón: la política contemporánea, la que verdaderamente importa, es la política internacional que se juega tanto dentro como fuera de las fronteras.

Merced al voto ciudadano el gobierno puede ahora sentirse amnistiado por los errores autoinfligidos (affaire Libra, audios de Spagnuolo, escándalo Espert): el electorado pareció relativizar o perdonar esos episodios. El mérito atribuido al gobierno en materia antiinflacionaria pesó más, al igual que el respaldo explícito de la administración Trump, cuya advertencia sobre las consecuencias de una eventual derrota de Milei evidentemente tuvo impacto.

Lo nacional y lo local

El éxito de Milei dinamiza el proceso de revisión que ya se venía tramitando en el seno del electorado peronista. La figura de Cristina Kirchner está erosionada allí principalmente porque está conectada a  sucesivas derrotas y a un empecinamiento en mantener posiciones de poder que obstruyen las posibilidades de renovación de un movimiento que ha sobrevivido por su capacidad de adaptarse a diferentes climas y necesidades  de época. El kirchnerismo congeló al electorado peronista del conurbano en propuestas que ya no funcionan, y desde esa trinchera electoral, obstruyó los movimientos de actualización programática de todo el país.

Pero Milei también triunfó sobre la alianza de gobernadores nucleados en el partido Provincias Argentinas, La Libertad Avanza venció a los gobernadores de Córdoba y Santa Fe y debilitó a otros que representaban la base potencial de expansión de ese espacio como el gobernador de Chubut, Ignacio Torres, uno de los pilares de Provincias Unidas. Solo Corrientes mantuvo en alto la bandera del nuevo partido, aunque con un desempeño muy inferior al de su elección provincial de septiembre. Quizás pueda aventurarse una conclusión: los electorados diferencian el alcance de los liderazgos. Los gobernadores consiguen magníficos resultados cuando las elecciones son sobre asuntos provinciales (Pullaro ganó la constituyente de Santa Fé hace pocos meses, el correntino Valdés consiguió un triunfo demoledor que hizo gobernador de Corrientes a su hermano, Llaryora vence con comodidad la puja provincial en Córdoba). Pero sus electorados no vieron en ninguno de ellos (ni en la suma de ellos, Provincias Unidas) un liderazgo nacional alternativo al de Milei ni una propuesta nacional diferenciada y con chances.

Eso, sumado a la idea de que podía volver el kirchnerismo y a la advertencia de Trump de que no ayudaría al país si Milei perdía configuraron un cuadro amenazante de desorden y retroceso que incentivó el triunfo de La Libertad Avanza.

El nuevo escenario facilita las tratativas para Milei. El respaldo electoral y el retroceso de Provincias Argentinas fortalecen la capacidad presidencial de negociación. El desafío inmediato será administrar esos entendimientos, preparar la aprobaci’on del presupuesto en sesiones extraordinarias  y dialogar con otros actores involucrados en las reformas que se buscan. Será particularmente importante el diálogo con el movimiento obrero que se apresta a renovar su dirigencia.

El Presidente debe, al mismo tiempo, poner orden en su propia fuerza, que llegó a la elección desgastada por disputas y fricciones entre facciones (disputas que no han concluido)

El resultado refuerza la posición de la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei. Ella condujo el desarrollo territorial del partido oficialista, que fue clave en el resultado obtenido. Su figura había sido cuestionada tanto por el círculo rojo como dentro de La Libertad Avanza. Con los números del escrutinio en la mano, Karina puede alegar que su estrategia territorial allanó el terreno para las negociaciones que se abren. Con la designación de Adorni como Jefe de Gabinete ha ocupado un casillero formalmente central del dispositivo del gobierno.

El fortalecimiento de ella implica también un debilitamiento –relativo- de Caputo, cuya ofensiva solo está demorada. El mantiene lazos muy fluidos con la “embajada paralela” de Donald Trump.

Aunque su fuerza haya echado raíces territoriales con el triunfo electoral, los cambios que Milei busca promover necesitan, para viabilizarse, acuerdos con gobernadores y sectores opositores afines, con o  sin reparto de cargos ministeriales, dentro y fuera del Congreso.

Hay mucho para hablar de aquí a diciembre y en los dos años siguientes.

 

 

 

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